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Jun 06, 2026

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La ruta gastronómica del Valle Sagrado 

La cuenca del río Urubamba, conocida como Valle Sagrado de los Incas, ha sido desde épocas prehispánicas un área privilegiada por su belleza, biodiversidad y suelos fértiles. Eso la convierte, hasta hoy, en una de las principales despensas andinas y en un lugar que inspira interesantes proyectos gastronómicos en el Perú.

Corredor culinario

A menos de 40 kilómetros de la ciudad del Cusco, el Valle Sagrado no solo es el punto de partida para conocer la ciudadela inca de Machu Picchu: es un destino en sí mismo. Además de su oferta de cultura, sus rutas en la naturaleza, sus opciones de bienestar y su turismo de aventura, la gastronomía del valle es otra de las razones por las cuales quedarse. A continuación, algunas recomendaciones:

MIL

Es un proyecto del chef peruano Virgilio Martínez, cuyo restaurante Central, en Lima, es considerado uno de los mejores del mundo. MIL se alza a más de 3,500 msnm en Moray, al borde de un complejo arqueológico que se caracteriza por sus antiguas terrazas agrícolas que parecen anfiteatros.

Además del restaurante, MIL incluye el Centro de Investigación Mater: desde la comida hasta la arquitectura, este lugar busca recuperar las técnicas ancestrales y el uso de elementos naturales, y proponer una relación directa con el entorno natural, material y cultural. Los visitantes tienen la oportunidad de experimentar una jornada que incluye recorrer el terreno de cultivos, así como la ruta de las plantas endémicas; conocer de cerca las acciones de Mater y a algunos personajes locales clave; y finalmente, embarcarse en un menú degustación de ocho pasos que puede entenderse como un viaje por los ocho ecosistemas de altura del entorno MIL.

Hawa

El restaurante principal de Tambo del Inka, a Luxury Collection Resort & Spa, es uno de los principales exponentes de la cocina novoandina en el valle. Su nombre proviene de la palabra “cielo” en quechua: Y es que Hawa ofrece una cautivadora vista del río Vilcanota y a los jardines del hotel. Además, de su ambiente interno cálido y acogedor, tiene una terraza ideal para comer al aire libre en esos días soleados que abundan en el valle.

El restaurante cuenta con su propio huerto orgánico, de tal modo que los ingredientes orgánicos y cultivados en casa son el sello distintivo de cada plato. Su carta innovadora está basada en la fusión de la cocina internacional, tradicional peruana y novoandina, utilizando técnicas culinarias actuales que ponen en valor los productos locales y regionales.

Tambo del Inka también ofrece experiencias gastronómicas, como Del huerto a la mesa, que permite al comensal recolectar insumos y disfrutar de la comida fresca, cocinada por el chef, junto al río, con una fantástica vista a los picos nevados. Su programa Be Epicurean diseña distintas oportunidades para disfrutar del placer de la comida y la bebida de alta gama en el corazón del Valle Sagrado.

Casa bodega Oxalis

Lo que empezó como un proyecto familiar para rescatar diferentes variedades de tubérculos altoandinos, se ha convertido en una nueva bebida bandera. Oxalis es un vino fabricado a partir de oca amarilla fermentada que se elabora en los Andes a 3.700 metros de altitud en Huatata, Chinchero. Manuel Choqque es el ingeniero agrónomo a cargo de esta aplaudida hazaña que ha puesto al Valle Sagrado en el mapa de la enología mundial. Este proyecto revaloriza la biodiversidad andina y transforma un producto ancestral en una expresión contemporánea, profunda y con identidad propia.

Hacienda Huayoccari

Existente desde tiempos coloniales, esta hacienda llegó a abarcar mil hectáreas que incluyeron cerros, lagunas y cultivos. José Orihuela, cuya familia se estableció en el Valle Sagrado de los Incas desde el siglo XVIII, la adquirió en 1916 para convertirla en una notable exportadora de maíz blanco. Hoy, Huayoccari continúa en manos de la familia y ha sido generosamente abierta a la comunidad y a los turistas. Visitar la hacienda es admirar su jardín de orquídeas, la colección de arte —que incluye piezas precolombinas anteriores a los incas—, y comer en el salón, donde funciona su restaurante, rodeados por las cerámicas, los óleos y el mobiliario barroco que son parte de la colección privada.

La propuesta de la carta es muy casera. Lo que se sirve en las mesas de Huayoccari crece en sus propias tierras o en las de agricultores vecinos. La carne proviene del Cusco y el pan fresco es traído cada mañana desde Calca. Resguardar la tradición del Valle Sagrado es parte de la vida en esta hacienda.

Es posible disfrutar de este recorrido gastronómico quedándose en Tambo del Inka, a Luxury Collection Resort & Spa, para hacer de la visita un recuerdo de sabores y sensaciones.